miércoles, 19 de septiembre de 2012

¿Qué es lo que escondes? - Capítulo 4


Cuarto capítulo. Gracias a Erica por betearlo :)

Summary: Bella sueña con ser detective privada por eso se acostumbra desde adolescente al trabajo... eso hasta que le piden investigar al mariscal de campo Edward Cullen... ¿Qué es lo que esconde Edward? M por lemmons ADVERTENCIA, contiene material para mayores de edad.

Capítulo 4

Moví mi cabeza de un lado al otro tratando de volver a la realidad, recordar ese día no me hacía bien: primero, porque recordaba la vergüenza de Edward cuando no pude dejar de ver su pequeña polla que en erección no sobrepasaba los 10 centímetros y, segundo, porque después de eso me hizo tragarme mis pensamientos con un maravilloso oral.

Con su lengua y sus dedos me había hecho alcanzar el mejor orgasmo de mi vida. Sí, era una pendeja en ese entonces y creí que no había peor castigo para un hombre que tener la polla chica, pero él mismo fue quien se encargó de que me retractara. Un pene pequeño no lo es todo ya que sí se sabe usarlo…

- ¿Viste?

Miré a Edward y ahí me di cuenta que volvía a estar perdida en mis pensamientos - ¿Qué veo?

- Que lo mío es un caso especial y completamente incorregible.

Suspiré y me reacomodé. Verlo descompuesto había hecho que bajara mi calentura normal por él – Edward, un hombre se mide mucho más allá del largo de su pene.

- Claro

Rió de una forma tan irónica pero sexy a la vez – Sabes que eso es mentira, o si no, no estarías hace tanto tiempo con Rosalie. Se nota que ella ve más allá de eso.

- Rosalie – bufó sentándose mejor y con la vista al frente. Más allá de mí -, Rosalie es una muy buena amiga que no le importa sacrificarse un poco por mí… bueno, mucho a decir verdad.

- Yo… pero, ¿y todo este tiempo?, llevan muchos años juntos.

Suspiró y reacomodó sus cabellos de una forma para nada ordenada – Bella, de verdad que este no es un tema del que me guste hablar.

- ¿Y por qué? – me encogí de hombros mientras me acercaba más a él y apoyaba mi cabeza en mi mano derecha

- ¿Cómo que por qué?

- Eso, ¿por qué no te gusta hablar de esto?

- Además de lo obvio – apuntó hacia su miembro que se notaba demasiado a través de los pantalones… quizás se notaba excesivamente -, bueno… déjame pensarlo – puso un dedo en su barbilla y yo reí y disfruté de verlo un poco sacado. Era lindo -, ¿será porque realmente me siento avergonzado de mi polla sea del porte de un maní?

- Es más grande que un maní

Me miró con los ojos entrecerrados – Es un decir, sé que es un poquito más grande, solo que no lo suficiente. Así que ahí tienes tu respuesta. No me gusta hablar de mi polla porque es excesivamente chica.

- Mis pechos son pequeños – miré hacia ellos y vi que a través de la camiseta a penas y se me veía un poco de escote -, y no me molesta tanto.

- Tus pechos son lindos.

- No… son chicos – los tomé con ambas manos y los apreté subiéndolos para que de esta forma se me vieran un poco más grandes. Lamentablemente cuando los solté volvieron a ser como antes.

- En todo caso – cuando alcé la vista lo vi moviendo la cabeza y dejando de ver mis pechos. Parece que le gustaban -, no estamos hablando de tus pechos y este tema no es sobre el tamaño de los pechos sino sobre el minúsculo tamaño de mi polla – iba a replicar pero como si me leyera la mente me apuntó con un dedo obligándome a tragarme mis palabras -, además, te puedes operar las tetas cuando quieras para que sean más grandes.

- ¡Me estás diciendo que tengo poco busto!

- ¡Tú lo dijiste primero! – me apuntó.

Entrecerré los ojos con ganas de golpearlo – Una cosa es que yo diga que mis tetas son chicas y feas pero otra muy distinta es que lo digas tú. ¡Me estás bajando el autoestima!

- ¿Quién dijo algo sobre que fueran feas? ¡Ni siquiera te he visto los pezones!

- ¿Quieres verme los pezones?

- ¡Dios, NO!

- O sea… mis pechos son tan pequeños y feos que ni siquiera quieres verlos. ¡Gracias polla chica!

- ¡OYE! – me apuntó – ese es un tema delicado.

- No lo es… porque lo es solo en el momento en que tú le das importancia.

- ¡Ni siquiera puedo follar con esta miniatura! – apuntó hacia su entrepierna con ambas manos obligándome a mirarlo.

¿Por qué se veía toda tan grande allá abajo si no hay mucho?

- ¡Y yo no puedo dejar que me follen la tetas porque no tengo con que afirmar una polla!

- ¡MIERDA! – Edward se tiró hacia atrás y se agarró con ambas manos el cabello. Cerró los ojos y respiró agitadamente por un momento hasta que se calmó - ¿Cómo desviamos tanto la conversación?

- No lo sé – cuando hablé con más calma me di cuenta que había alzado la voz más de lo normal porque me dolía la garganta -. Lo siento. No quise decir nada sobre tu tamaño, es solo que siento que si tú le das más importancia de la que tiene será peor.

- Bella – Se volvió a girar. Ahora estábamos más cerca -, no soy capaz ni siquiera de tener sexo… no puedo y eso es suficiente para que me traume… créemelo.

- ¿Nunca…? – tragué saliva porque no podía creer lo que estaba pensando - ¿Nunca has tenido sexo?

- Una vez – se encogió de hombros -, tenía 15 y pensaba que podría con ello pero la chica se burló tanto de mí, dijo que no sintió nada y yo… no volví a intentarlo, tuve mucha suerte con que ella no dijera nada, no quería arruinar la poca autoestima que me quedaba.

- ¿Y no le hiciste sexo oral? ¡Porque mierda que eres bueno en ello!

Sus mejillas se sonrojaron y las mías igual cuando me di cuenta de lo que había dicho – Gracias… supongo – se rascó su cuello y yo miré mis manos por un segundo.

No me vendría mal una manicura. Moví la cabeza y traté de volver a concentrarme en lo importante.

Nos quedamos en silencio por un momento hasta que Edward se puso de pie. Yo no me moví pero sí lo vi mientras iba por la botella de tequila, volvió a llenar nuestros vasitos y al mismo tiempo los vaciamos de un sorbo. Ninguno hizo ni siquiera una mueca, mi garganta estaba seca y mi cabeza hecha un lío así que agradecí el exquisito brebaje que me devolvía a la realidad.

Los siguientes segundos nos quedamos mirándonos sin movernos mucho, parecía que los dos queríamos saber que estaba pensando el otro. ¿Qué estaba pensando yo?, definitivamente estaba pensando en la polla de Edward pero no en que fuera chica sino en que cómo me gustaría ayudarlo de alguna forma para que sepa que no es tan importante el tamaño.

- ¿Sabes que un pene enorme no sirve de nada si no sabes usarlo no?

- Eso es lo que dice alguien que no tiene el pene chico Bella… la realidad es que el tamaño sí importa.

- Pero… de verdad Edward – suspiré fuerte porque me costaba un poco esto, pero él se lo merecía -, quizás me arrepienta luego de decirte esto pero… - llené mis pulmones de aire y miré hacia mi regazo antes de ver a mi acompañante -, ese día en los camerinos… me diste el mejor orgasmo de mi vida, solo tu lengua y tus dedos bastaron para hacerme ver estrellas… si te soy sincera… esperaba que quisieras llegar a más, quería que me follaras Edward.

Cuando lo vi mucho más avergonzado me sentí un poco mejor ya que eso quería decir que yo no era la única a la que se le estaba haciendo difícil esto.

- Yo… no…

- No lo digo para avergonzarte ni por pena… es la verdad Edward.

- ¿En serio? ¿De verdad que querías que te follara con… esto? – como por enésima vez miró su entrepierna obligándome a imitarlo.

¿Qué mierda tenía entre las piernas?

- Lo digo de verdad – esta vez no saqué mi vista.

Seguí mirando su miembro hasta que él se removió haciendo mucho más notorio el bulto.

- ¿Te lo agrandaste? – apunté hacia su parte especial.

- No… yo… ¡UF! Esto es difícil – lo miré lo más normal que pude esperado porque me dijera algo mas -, no… esto – tocó si entrepierna -, es solo relleno.

Abrí la boca tratando de encontrar las palabras para expresar lo que estaba pensando pero la verdad es que no estaba pensando nada así que no tenía nada que decir. Cuando Edward notó mi desconcierto asintió como dándome a entender que no estaba mintiendo.

Pero…

¿Qué le dices a un hombre que usa relleno en su pantalón?

¿Qué le dices a un sex symbol americano que usa relleno en su pantalón?

¡NO!

¿Qué le dices a Edward Cullen si te confiesa que usa relleno en su pantalón?

Nada, definitivamente nada porque ninguna palabra era suficiente para expresar lo que no estaba pensando. Porque de verdad que mis pensamientos eran nada.

- Di algo por favor.

- Yo… lo siento Edward pero no sé qué decir… ¡Ah, sí! – como en los dibujos animados se me prendió una lucecita en la cabeza -. Hasta los 15 años usé relleno en el brasier – sonreí muy orgullosa de mí misma.

- Dices que yo estoy obsesionado con el tamaño de mi polla pero tú sí que lo estás con el tamaño de tus pechos.

- ¡Es que son muy chicos! – volví a juntarlos y a levantarlos pero esta vez conseguí una sonrisa de Edward.

- Son perfectos.

Le sonreí. La verdad es que no me molestaba mucho el tamaño de mis pechos, sí, no eran muy grandes pero tampoco tan chicos, aunque sí me gustaba que Edward supiera que todos tenemos algo en nuestro cuerpo que no nos agrada por completo. Quizás no es lo mismo, ¡no!, no es lo mismo pero de alguna forma pude sacarle una sonrisa y con eso me conformaba.

- Tienes una sonrisa muy linda, Edward… no dejes que nada la apague, además, parece que la vida te ha tratado muy bien – con mis manos abarqué su hermoso departamento de muchos metros cuadrados.

- Si… por lo menos puedo decir que estoy haciendo lo que de verdad me apasiona, pero también es mi trabajo lo que no me deja ser yo mismo… ¡La prensa me sigue siempre! Estoy seguro que un día van a descubrir mi verdad y se me vendrá abajo todo.

Suspiré e hice mi mayor esfuerzo para que no notara mis manos temblorosas, yo era de esas personas que querían arruinarle la vida a Edward porque su secreto iba mucho mas allá de que si tenía el pene chico o muy grande. Edward es un sex symbol, un estándar para hombres y mujeres y su posición quedaría completamente arruinado si alguien llegaba a filtrar que su pene no es de un tamaño normal sino que un poco… un poco, sino mucho más chico.

- ¿Y no has pensando en un tratamiento?

Sus mejillas se volvieron a colorear – Bella… creo que he hablado contigo más que con cualquier otra persona sobre esto y eso que es la primera vez que nos vemos en años así que creo que dejaré eso para una próxima visita… dejemos algo para seguir hablando… sobre mi pene digo.

- Y te lo agradezco… por confiar en mí y decirme tantas cosas, estoy segura que no llegas y le dices a todo el mundo que eres casi virgen.

- Sí… supongo que el sexo con mi mano no me hace el más macho de todos.

Me encogí de hombros – Creo que coger con todo el culo que se te ponga por delante tampoco te hace el más macho de todos – fruncí el ceño y saqué la lengua en señal de asco -, de hecho me dan cosa los hombres tan usados… es como – me estremecí -, ¡Puaj! no sabes ni con cuántas se han acostado… eso no es sexy.

- Nunca pensé que podría hablar tan abiertamente con alguien del tema… me gustó mucho haberme reencontrado contigo Bella.

- A mí también.

Nos volvimos a quedar en silencio pero esta vez fue distinto, creo que los dos sabíamos perfectamente lo que estaba pensando el otro y así lo demostramos cuando nos dimos una primera sonrisa. Los dientes blanquitos de Edward me invitaron a no tener miedo así que hice mi movimiento. Me acomodé del cabello a un lado exponiendo mi cuello y dejando que se me viera un poco más de piel, aunque Miami tampoco es que dejaba que uno escondiera mucho.

Con los ojos conectados en los del otro nos fuimos acercando lentamente, las manos de Edward algo vacilantes encontraron apoyo en mis muslos y se impulsó lo suficiente para quedar a nada de mis labios, se acercó el centímetro que nos separaba hasta que nuestras narices chocaron matando cualquier momento lindo y romántico, sí, pude haber vuelto a probar sus labios pero ahora estaba demasiado ocupada carcajeándome para ello.

- Parece que el momento se fue…

Y sí, los labios de Edward estaban sobre los míos devorándolos con insistencia. No sabía dónde poner mis manos, sé que quería tocar pero necesita apoyo también, así que obvio que el mejor lugar fue su exquisito cabello que se escurrió entre mis dedos como seda. El beso no era febril solo insistente, se notaba que Edward no esperaba nada más y yo no pensaba obligarlo a nada.

Cuando la maldita falta de aire se hizo presente no pude hacer nada más que soltar sus labios a regañadientes, aún así sus manos no dejaron de acariciar mis muslos. Jamás pensé en volver a estar con Edward después de tanto tiempo y mucho menos…

Abrí los ojos y me separé un poco de su cuerpo. Hice mi mayor esfuerzo porque no notara nada extraño ni lo viera como un rechazo.

- De verdad que me gustó mucho volverte a ver, Edward – acaricié sus mejillas disfrutando de su insipiente barba que cosquilleaba en mis dedos -, y me gustaría mucho que no volviéramos a perder el contacto.

- Nunca fuimos amigos… de hecho creo que nunca hablamos.

- Pero hoy hablamos suficiente como para tener una excusa para volvernos a ver.

Asintió sonriéndome - Sí… mira, déjame tu teléfono y te llamaré.

Pese a que sabía muy bien lo que significaban sus palabras, anoté mi número en una pequeña libreta que estaba en su mesa de arrimo. Sabía que cuando un hombre te dice que te llamará es porque no piensa hacerlo, pero no tenía nada que recriminarle a Edward, la verdad es que dudaba mucho que quisiera estar cerca de la única persona que estaba enterada de sus secretos más oscuros, bueno, la única persona que lo sabía y que él conocía tan poco.

Cuando terminé de anotar el número doblé la hoja y se la pasé en la mano a ver si así por lo menos lo leía antes de botarlo.

- Ahí está mi número.

- Gracias – miró el papel pero no lo abrió.

Me puse de pie y agradecí el cambio porque mis piernas estaban casi dormidas. Aunque traté de disimularlo, me estiré un poquito, había sido una tarde y una charla intensa, si ni siquiera sentía los efectos de los tres shots de tequila, mi cuerpo ya los había absorbido.

- Me voy entonces – miré por todos lados buscando mi bolso y me sorprendió un poco encontrarlo tirado en el suelo. Lo recogí para después colgármelo en el hombro. Estaba lista para irme.

- Te voy a dejar – Edward se puso de pie a mi lado pero yo puse mi mano en su pecho.

- No, no sería bueno que alguien te vea con otra mujer, si Rosalie es tan buena amiga tuya no se merece rumores infundados.

Se rió de nuevo de manera sexy – A Rosalie no le interesan esas cosas, además, eres mi amiga, ¿cierto? – asentí – y no tiene nada de malo que vaya a dejar a una amiga.

Negué – No, Edward, en serio, prefiero irme sola. De verdad.

- ¿Segura? – asentí y le di una sonrisa para reafirmar mis palabras – Bien, entonces te estaré llamando – alzó el papel y le sonreí.

- Me gustó mucho haberte visto Edward, siempre supe que llegarías lejos y me alegra no haberme equivocado, señor Mariscal de Campo de los Miami Dolphins.

Se rascó la cabeza y le di un empujón – Gracias supongo, aunque… no me hablaste de ti… ¿En qué estás trabajando?

Abrí la boca pero esta vez reaccioné rápido – Ya tendremos tiempo para hablar de mí luego, ahora necesito irme.

Me puse de puntillas y besé su mejilla, la acaricié y le sonreí antes de apresurarme a la puerta. Salí del departamento de Edward sin mirar a atrás porque sabía que si lo hacía me iba a arrepentir.

Cuando el sol de Miami impactó en mi rostro supe que era mejor apresurarme a llegar a mi casa, no me sentía bien conmigo misma porque Edward me había abierto su corazón y sus más profundas inseguridad cuando esto no era más que un trabajo insípido para mí. O por lo menos eso se suponía.

Tomé un taxi afuera de la casa de Edward y agradecí que su departamento estuviera solo a unas calles del mío ya que tampoco estaba de ánimo para quedarme desbancada por una carrera en taxi cuando tenía un lindo y cargado auto en mi garaje.

Todo el camino pensé en lo siguiente que haría, sé que tenía que hablar con Marco sobre dejar este trabajo pero también sabía que si no era yo sería alguien más que investigaría a Edward y nadie me aseguraba que ese otro sería generoso. Cualquier periodista vería en él una escabrosa noticia capaz de vender millones de copias, ahora los Dolphins estaban a nada de ir a Super Bowl y más que nunca el nombre de Edward Cullen estaba en la palestra, sobre todo porque no conseguían nada de él. Ni una salida escandalosa, ni siquiera una publicad de esas que tanto le gustan a los fans, solo una de un perfume para hombres que lo mostraba sin camisa pero de la cintura hacia arriba.

¡Mierda!

Había tantas señales ahí que nadie sabía leer.

Cuando llegué a mi departamento me dejé caer en el sofá, estaba mentalmente agotadísima, ni siquiera tenía ganas de cocinar así que solo esperaría porque Jasper llegara con la comida… ¡Oh, mierda! tenía que decirle algo a Jasper, no podía ocultarle todo esto, algo tenía que decirle.

Estaba cerrando mis ojitos preparada para perderme en mis sueños cuando mi celular me molestó diciéndome que tenía un mensaje de texto.

Gracias por escucharme y por no decir nada. De verdad que significa mucho para mí.

Edward.

Sonreí como la tonta que soy, quizás no era una llamada pero definitivamente era algo.

Todavía tenía el celular en la mano entró una llamada, lo primero que pensé es que era mi nuevo amigo pero me equivoqué, era otro nombre el que aparecía en la pantalla.

- Hola – suspiré tratando de que mi voz no sonara muy decepcionada.

- ¿Hola? ¿Esa es la forma de saludad a tu novio, amor? ¿Qué tal un "Te extraño amor, no hayo la hora de que vuelvas"?

Generalmente me hubiera reído pero hoy no estaban los ánimos - Lo siento James… no tuve un buen día – me pasé las manos por el cabello y me tiré de vuelta al sofá.

Mi día intenso aún no terminaba.

3 comentarios:

  1. Pobre Edward como que no ha tenido sexo, es verdad lo que dice bella no importa tanto el tamaño sino que lo sepan usar y como dice el dicho "no importa lo grande o lo chiquito sino el tiempo que dure durito" jejeje

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  2. No lo habia leido aqui en el blog, pero lo sigo siempre en FF.... Buen Fic :D

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  3. pobrecillo esta traumado por su tamaño ,pero creo que eso es lo de menos....M enecantooooo...Gracias nena...

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