domingo, 23 de septiembre de 2012

Casualidades del destino - Capítulo 3

Tercer capítulo. Gracias a Erica por la edición :)

Summary: Una fiesta de año nuevo, una nueva vida, un encuentro inesperado y muchísimos secretos. ¿Qué le depara ahora la vida a la recién egresada Bella Swan? ADVERTENCIA, contiene material para mayores de edad.
 
Capítulo 3

Victoria estaba a mi lado prácticamente respirando en mi nuca, no lo hacía de mala forma pero me estaba poniendo de los pelos. Hice todo lo posible por obviar a mi jefa y concentrarme en mi trabajo pero se me hacía muy difícil, estaba cortando un pedazo de plotter y en el último tramo me falló el pulso y me fui a la mierda.

- ¡Mierda! – gruñí bajito pero sé que mi jefa me escuchó así que cerré los ojos con fuerza antes de volver a concentrarme.

- Bella – dejé el cartonero en la mesa y me giré hacía Victoria -. Tranquila, si estoy aquí no es para ponerte nerviosa

- Es que… no estoy acostumbrada a esto.

Ya llevaba varios días trabajando en ColorArt pero hoy era la primera vez que mi jefa se paraba a mi lado para ver lo que estaba haciendo. Hasta el momento solo se me habían encargado cosas simples, transformar algunas imágenes en PNG, cortar un par de bordes, hacer unos fondos, crear algunas tipografías de letras y sería todo, nada que un principiante no pudiera hacer. Pero ahora, ahora era mi verdadera prueba y estaba fallando estrepitosamente.

- Bella, relájate.

- Es que… - miré el desastre sobre la mesa y casi lloriqueé. Creo que las palabras de Anna fueron lo único que me impidieron largarme a llorar: "No debes llorar en el trabajo, eso solo les demostrará que no puedes hacerlo", respiré hondo y volví a mirarla -, lo siento Vicky, estoy nerviosa pero te juro que no tengo tan mal pulso.

- Te creo – se sentó al borde del escritorio y me miró con los ojos entrecerrados -. Si este es tu primer trabajo… ¿Eso quiere decir que nunca has ido al Happy Hour?

- He ido a muchos bares en mi vida universitaria – me encogí de hombros.

La mano de Victoria se pasó casi por mi rostro cuando hizo un gesto despreocupado – Eso es para niños… mala cerveza y papas fritas rancias. Yo hablo de un buen After Office, algo que te quite el estrés de la semana.

- Oh, entonces nunca he ido.

- Bien, hoy te vienes con nosotros. Todos los viernes un grupo nos vamos al Happy Hour que está en la otra cuadra, ya verás cómo se te quitan todas las malas vibras de estos días de trabajo.

Saqué cálculos mentales de los horarios, ya no estaba viniendo en auto porque no tenía donde estacionarlo pero si no me quedaba hasta tan tarde alcanzaba de sobra a tomar el metro – Bien… iré – asentí contenta y bastante emocionada. Esta parte de trabajar sí que me gustaba

- ¡Excelente! Les diré a los chicos que vienes con nosotros.

- ¿Y quiénes van?

- Ya sabes, los mismos de siempre… Samatha, Ryan, Jasper, Carlisle, Lauren y Edward… aunque siempre se puede sumar alguien extra a último momento.

- Ohhh – asentí mucho más contenta. Desde el martes que no veía a Edward y ya estaba poniéndome ansiosa.

Cuando me hizo firmar el contrato a penas y hablamos, mantuvimos todo en el plano profesional pero no me preocupé porque juraba que volvería a verlo, lamentablemente nuestras áreas estaban totalmente alejadas y no habíamos coincidido aún.

- Bien… entonces ahora te dejaré para que te concentres… todavía tienes tiempo, Bella, pero necesitas dejar los nervios de lado.

- Sí, Victoria.

Ahora le pude sonreír con sinceridad.

En cuanto mi jefa me dejó sola me puse a trabajar. Imprimí las fotos necesarias en papel cauché de 2 mm porque el de 3 era muy grueso y a mi parecer resaltaba de una forma no linda, era un cambio que estaba haciendo pero quería arriesgarme, con suerte esto me saldría bien. No volví a salirme del margen nunca más en lo que quedaba del día y eso que corté muchas cosas, supongo que ya estaba afinando el pulso.

Para el final de la tarde ya tenía un bosquejo bastante decente de la propuesta para la nueva campaña, se trataba de un nuevo chicle de infinita duración, ¡claro!, porque solo había como mil en el mundo… bueno, pero este es mi trabajo.

La pancarta que hice era grande así que pude apreciar bien los detalles, la presentación era el lunes en la tarde así que me quedaba toda la mañana para afinar los detalles. La idea que estaba ahí no era mía, era de Victoria pero me alegraba haberle dado un giro distinto a su idea original. En vez de usar su paleta de sobrios colores usé una con unos tonos más arriba, y esperaba sinceramente no recibir una patada en el culo cuando mi jefa la viera.

Suspiré viéndola, ya no estaba muy convencida, se notaban los cambios que había hecho y aunque a mí me gustaban no sabía cómo reaccionaría el resto, pero es que no se puede usar colores tan pasteles cuando se está tratando un contexto de infinita alegría. Resoplé como si fuera un caballo por enésima vez antes de dejarlo sobre la mesa.

- Yo creo que es lindo… el verde limón enmarca de una forma sutil pero clara a la chica.

Me di vuelta pero no asustada, sino excitada. Frente a mí estaba Edward sonriendo como todo un seductor mientras me miraba de brazos cruzados.

- Eso es porque hay poca luz.

Era cierto, me fijé y ya no estaban prendidas las luces de los pasillos – Ya se fueron casi todos, yo siempre soy el último – dejó de apoyarse en la mesa de mi escritorio y avanzó hacía mí -, por eso me encargaron pasar a buscarte… ¿Vienes hoy con nosotros, cierto?

- Sí – le puse una tela a la pancarta porque no estaba segura que tanto bajaba la temperatura en la noche y no quería que se arruinara todo de aquí al lunes -, creo que se me pasó el día – le sonreí mientras pasaba por su lado.

En cuanto su calidez me llegó tuve que cerrar los ojos y recordarme que no podíamos repetir lo de año nuevo.

- ¿Lista?

Asentí mientras me ponía mi chaqueta y sacaba mi celular – Sí, solo tengo que mandarle un mensaje a mi amiga Anna, a veces se pasa por mi departamento los viernes junto con su madre.

Rápidamente digité un mensaje para mi amiga.

Anna, me voy de copas con unos amigos del trabajo. Llegaré tarde, dile a Rose que cualquier cosa la llamo, que no preocupe.

Bella.

- Listo. –Tiré el celular en mi cartera y la cerré.

Cuando vi a Edward su rostro estaba fruncido - ¿Por qué le mandas un mensaje a tu amiga y a su madre y no a tus padres?

Abrí la boca pero la mantuve así hasta que supe lo que tenía que decirle – No todos los padres se preocupan por sus hijos, Edward, para algunos son más familia aquellos que no tienen su misma sangre.

- Lo siento – por la forma en la que se estaba moviendo supe que se encontraba muy incómodo -. A veces soy un metido, yo no debería de haber preguntado, lo siento, de verdad Bella.

- No te preocupes… estoy acostumbrada a los padres que tengo – me encogí de hombros -, por lo menos se preocuparon lo suficiente por mí como para costearme la carrera y mi departamento – le guiñé un ojo -, aunque lo mejor es que ahora ya no dependo de ellos.

- Eres una mujer fuerte, Bella.

- ¡Lo sé! – chillé poniéndome mucho más recta que antes –, pero ahora de verdad necesito un trago… ¿Me llevas? – dejé caer los hombros y puse mi mejor carita de niña buena.

Edward me escaneó cuidadosamente antes de poner su mano en mi cintura y guiarme a la salida de la oficina. El frío de la noche de Seattle ya estaba presente así que agradecí su contacto con mi cuerpo porque ayuda mucho más que mi chaqueta.

- Aquí es – ni siquiera habíamos avanzado mucho cuando nos detuvimos en una puerta de donde salía un agradable ruido a diversión.

- ¡Es mi primer After Office! – prácticamente salté por eso agradecí que Edward no me viera como si fuera un bicho raro.

- Entonces espero que me dejes invitarte tu primer trago.

- Mis dos primeros tragos – con mi mano derecha indiqué el número – recuerda que estamos en Happy Hour, así que quiero dos mojitos.

- Dos mojitos serán.

Cuando entramos me embargó esa exquisita aura a diversión adulta. El lugar estaba lleno de gente en trajes de oficina, de humo, alcohol y risas. Rápidamente Edward nos guió entre las mesas hasta el fondo del local en donde estaban varias caras conocidas de la oficina pero en un contexto totalmente distinto, ya no había corbatas perfectamente puestas ni blusas dentro de las faldas, eran mis mismos compañeros de trabajo pero relajados y pasándola bien.

- ¡Hola!

- ¡Bella! ¡Viniste! – Vicky se levantó de su lugar y me tiró hasta quedar sentada a su lado. Inmediatamente extrañé el contacto de Edward - ¡MESERO! Bella, ven, deja que te presente. Este es Ryan – apuntó a un hombre un poco mayor que estaba al lado de Edward -, estas son Lauren y Samantha – dos chicas rubias me dieron un saludo simpático para después volver a su conversación -, y estos son Jasper y Carlisle – dos jóvenes rubios me miraron dándome un saludo -. Bien, eso es todo así que sentemos a disfrutar.

Ni bien me senté un chico llegó a nuestro lado pero no alcancé a abrir la boca porque Edward lo hizo por mí, espero sinceramente que nadie hubiera notado nuestro intercambio de miradas porque creo que decían claramente; "Nos vemos en el baño para follar". Agradecí que alejara sus ojos verdes de mí porque no sabía cuánto más iba a aguantar, apenas llegaron nuestros tragos le di un sorbo profundo al mío, menos mal que era refrescante porque mi garganta lo agradeció.

- Bien… entonces propongo un brindis por nuestra nueva compañera de trabajo – mi jefa alzó su copa y todas la imitados - , ¡Por Bella! ¡Que dure mucho tiempo en ColorArt!

- ¡Por Bella!

Hasta yo me uní a ese brindis, creo que el alcohol ya me estaba haciendo efecto. El lugar cada vez estaba más lleno, con más ruido y con más humo, en resumen, cada vez mis sentidos estaban más afectados.

- Entonces… tú eres la chica nueva… te ves joven.

Giré mi rostro hacía quien me estaba hablando. Era un hombre de unos 30, quizás un poquito más, rubio, de ojos azules y con una sonrisa matadora, era claramente un hombre guapo que le arrancaría un suspiro a cualquiera, incluyéndome.

- Sí… esa soy yo, Bella, la chica nueva.

- Carlisle – estiró su mano y la acepté enseguida.

- Un gusto, Carlisle.

- Y… ¿Cuántos años tienes?

- 23 primaveras – alcé las cejas varias veces para que notara mi broma.

- Te ves más joven, eso sí.

Rodé los ojos y volví a darle un sorbo a mi vaso – Siempre me dicen eso… ¿y tú cuántos años tienes?

- 28 – sin dejar de mirarme tomó su vaso de no sé qué y lo vació -, pero me veo mayor… lo sé

- Sí… parece que somos un poco opuestos en ese sentido.

Sus ojos azules resplandecieron mientras se acercaba más a mí – Dicen que los opuestos se atraen – miré a Carlisle con cuidado y no sé si fue el alcohol o qué pero quería besarlo.

- Yo…

- ¿Te pongo nerviosa?

Tuve que cerrar los ojos cuando uno de los dedos de Carlisle se paseó por mi mejilla derecha. Su tacto era tan suave que por un segundo me descolocó, lamentablemente solo necesité mirar a Edward para saber en donde estaban mis pensamientos. Como por instinto me alejé un poco del chico rubio y puse mi atención en mi trago.

- No… por supuesto que no – aunque dudaba que me haya creído.

De reojo volví a mirar hacia el frente y vi que Edward ya no estaba concentrado en mí sino en Ryan, se veía entretenido, cosa que me hizo sentir un poco mal.

Después de mi momento traté de compartir un poco más con el resto pero no por eso Carlisle dejó de acaparar mi atención cada vez que podía, sus pequeños toques en mis brazos y manos me estaban poniendo nerviosa pero aún así hice de todo para obviarlos y no hacer algo de lo que podría arrepentirme.

La última cosa que quería en estos momentos era volver a tener sexo casual con un compañero de trabajo… quizás más adelante. Sacudí disimuladamente la cabeza, no, no podía volver a hacerlo, sobre todo porque la mirada de mi tormento personal volvía a estar puesta en mí, solo sus ojos eran suficientemente capaces de conseguir que mis bragas se mojaran.

- Creo que…

Con esfuerzo conseguí sacar mi celular de mi cartera.

¡Mierda!

Eran las 11 de la noche.

¿Dónde mierda se fueron las horas?

Del trabajo salimos alrededor de las 7 y eso quería decir que… saqué cuentas mentales con un poco más del esfuerzo normal. Llevaba en este bar 4 horas y ni siquiera las había sentido. Revisé la mesa y recién y en ese momento me di cuenta de que había cuatro vasos en mi sector.

Bueno, creo que había sido mucho para mí, ya ni siquiera iba a alcanzar a tomar el metro, tendría que irme en taxi.

- Bueno – me aferré a mi cartera y a la silla -, creo que esto fue todo para mí, yo me tengo que ir.

- Pero… - Vicky miró su reloj de pulsera y gimió bajito - ¡Mierda!, la niñera debe estar loca… chicos, ya es tardísimo.

Cuando salí de las mesas me tambaleé un poquito pero dignamente me apoyé.

- Bueno chicos, de verdad que les agradezco esto – abrí mi cartera para pagar – fueron muy gentiles en invitarme.

- Yo te invité… te lo dije.

Miré a Edward, era la primera vez que me hablaba desde que llegamos así que no pude evitar alzar una ceja. Antes de que le respondiera sacó su propia billetera y dejó un montón de billetes en la mesa.

En cuanto lo hizo se puso de pie en su lugar - Bueno… creo que yo también me retiro chicos.

- Sí, yo también.

Pronto Carlisle estuvo a mi lado tomando mi mano.

- Fue un gusto, y espero que se repita el próximo viernes.

Pensé que iba a besarme la mano pero en lugar de eso me besó en la comisura de los labios. Sus putos labios eran putamente calientes, me hizo gemir por su solo contacto. ¡Mierda!, ahora estaba borracha y un poco caliente.

- Sí… por supuesto.

- Creo que será mejor que haga mi papel de caballero andante y lleve a Bella a su casa.

Aún estaba mirando a Carlisle cuando la mano de Edward se volvió a posar en mi espalda baja, ahora no tenía mi chaqueta puesta así que su mano hizo contacto directo con una pequeña porción de piel que dejaba al descubierto mi blusa alzada.

- Claro… Edward, el caballero andante. Cuídala amigo – Carlisle le dio una palmadita a Edward y me guiñó un ojo antes de darse media vuelta.

Sé que me despedí de todos pero teniendo a Edward tan cerca de mí no era completamente consciente de mis actos. Cuando salimos al frío de Seattle agradecí la gélida brisa porque me devolvió un poco a la realidad.

- Mi auto está por allá.

Asentí y dejé que mi guiara hacía un estacionamiento en donde habían muchos autos. Mientras caminaba pensé en que este era un buen lugar para dejar mi auto, eso sí, no iba a traerlo los viernes porque si comenzaba a salir en este estado de estos Happy era mejor que no manejara.

- ¿Cuánto tomaste?

Miré hacia arriba para ver a Edward bajando su mirada – Solo una cerveza… soy lo suficientemente responsable Bella. No manejo cuando sé que mis instintos no son los mejores.

- ¿Eso quiere decir que tus instintos son los mejores ahora? – me acerqué casi absurdamente a él, quería sentirlo mucho más cerca.

- Ven… tendrás que indicarme tu dirección

Me subió al asiento del copiloto antes de darme tiempo para replicar. En cuanto posé mi cabeza en el respaldo sentí como todos mis músculos se relajaban.

- Definitivamente este es el mejor auto en el que me he subido.

- Parece que tu límite son dos mojitos… con cuatros ya pierdes tus sentidos.

- ¡Mis sentidos están bien! – me envaré rápidamente para quedar mirándolo. Ya habíamos salido del parqueadero.

- Dime, ¿hacia dónde?

- Baja por Madison y después por la Quinceava Avenida.

- Oh… el barrio universitario

- Hasta fin de mes solamente, estoy esperando que se me acabe el contrato… mañana saldré a buscar un departamento más cerca del trabajo.

- Si quieres te puedo recomendar algunos – mi cabeza volvía a estar descansando en el respaldo así que lentamente me giré para verlo.

Le sonreí cuando me miró de reojo – Eso me sería de mucha ayuda… gracias.

Nos quedamos en silencio hasta que Edward dobló por la Quinceava Avenida. Ya estaba a nada de mi casa.

- En donde está el auto azul… justo ahí.

El auto de Edward se detuvo frente a mi departamento. Me desabroché el cinturón de seguridad, tomé mi cartera pero no me bajé, en lugar de eso me giré para verlo.

- Gracias.

- De nada.

Cuando me sonrió no aguanté más. Me estiré hasta que alcancé sus labios, sé que habíamos dicho que no lo volveríamos a hacer esto pero no podía negarme que la exquisitez de su aliento me trastornaba por completo. Él tampoco podía negarlo porque ni siquiera lo pensó antes de comenzar un beso febril que me arrancó un gemido en cuanto mi clítoris me rogó por un poco más.

Cuando nos separamos me mantuve aún cerca de él – Carlisle es un buen hombre… de verdad, Bella.

Abrí los ojos para verlo pero él los tenía cerrado. Cuando los abrió debió notar mi confusión.

- Quizás, quieres pensarlo bien antes de…

- Shuuu – puse un dedo sobre sus labios -, Carlisle es un buen hombre… definitivamente un hombre caliente, pero… ¡Mierda! – apoyé mi frente en su hombro y me removí un poquito -, solo tú logras que me moje con una sola mirada.

Lo que iba a hacer podía considerarse como un acto totalmente erótico pero si iba a hacerlo era ahora o nunca. Procuré que me viera fijamente antes de llevar uno de mis dedos a mi intimidad para recoger un poco de mis líquidos. Cuando alcé el dedo empapado Edward lo siguió con la mirada, no lo obligué a nada, solo lo puse frente a sus labios dándole una oportunidad que parece que no existía ya que lo devoró de inmediato, arrancándome un inmenso gemido en el proceso. Nuestros ojos seguían enganchados, pareciera que íbamos a tener un orgasmo aquí mismo.

- ¿Quieres pasar?

3 comentarios:

  1. OH QUE ATREVIDA ESTA BELLA JEJEJE SI QUE PASEEEEEEEEE UY QUE CALOR...

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  2. dios mío, menuda bella más atrevida y picante, jejee
    qué pase qué pase

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  3. jajajajaja fascinante está Bella ....Gracias nena....

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