martes, 14 de mayo de 2013

A mi manera - Capítulo 38


Summary: Isabella Swan lo tiene todo, poderosa, fría y calculadora, acostumbrada a vivir en un mundo de hombres aprendió a tener el control sobre los demás… ¿Que pasará cuando un joven y tímido Edward Cullen llegue a su empresa y despierte su curiosidad? ADVERTENCIA, contiene material para mayores de edad.
Capítulo 38



- Sácate la ropa ya arrodíllate frente a la cama.

Hacia un tiempo ya que no pisaban ese departamento, desde que descubrieron que sus necesidades podían ser satisfechas en cualquier lugar mientras ambos quisieras, habían dejado de depender de la habitación negra. Pero, ninguno negaba que les fuera agradable volver a ese lugar que fue testigo de su primera vez.

Mientras Isabella se iba del cuarto, dejando al cobrizo solo, este procuró no perder más tiempo y obedecerla. En segundos, estuvo desnudo y arrodillado frente a la cama con las manos cruzadas en su espalda. Pese a que él hizo todo lo más rápido que pudo, alcanzó a penas a bajar la vista antes de su ama entrada de vuelta a la habitación.

Al tener la vista gacha, solo pude ver las botas negras de punta y tacón alto, pero solo eso le bastó para hacer una excelente imagen mental de lo que ella estaba vistiendo.

- Levanta la vista – con la punta del flogger, Isabella alzó el rostro de su chico. Con ojos ansiosos, él pasó por sus medias de red, su corsé de tiras y su generoso escote que escondía el inicio de unos rellenos pechos -. Bien… me gusta saber el efecto que tengo en ti.

Aunque la sonrisa en el rostro de Isabella era implacable, en el fondo, se estaba mordiendo el interior de su mejilla para no llorar. No había sido nada de fácil ver como su corsé favorito no le entraba ya que sus caderas, cintura y pechos estaban más grandes, solo luego de un par de sacudidas de cabeza, decidió recomponerse e ir por un corsé de tiras. Después de todo, no pensaba renunciar a ese castigo por nada del mundo, estaba más caliente que nunca y necesitaba aplacar ese calor de alguna forma, antes de que sus hormonas la llevaran a la locura.

- ¿Qué pasa?

Solo en ese momento, ante la pregunta de Edward, Isabella se dio cuenta de que se había quedado quieta. Con una sacudida de cabeza se recompuso y para darse animo, golpeó el flogger en una de sus manos.

- Solo disfrutaba de esto – le sonrió y él la imitó.

Por más, que Edward quiso hacer una segunda pregunta se contuvo, ya que descubrió que sabía la respuesta, y lo confirmó cuando, sin percatarse de su gestó, Isabella le dio una tímida caricia a su vientre. Sí, ella estaba consciente de su estado y había encontrado la forma de compatibilizarlo con su estado hormonal de calentura.

Él, en respuesta solo agachó la cabeza y la sintió moverse por la habitación, para cuando la botas de tacón resonaron a su lado, el joven supo que le convenía apretar los dientes y aguantarse lo que viniera. Había pasado mucho tiempo desde el ultimo castigo y si conocía tan bien a su chica, como sabía que lo que lo hacía, le esperaba un dolor intenso seguido de un placer extenso.

- Levanta la vista.

Lo hizo y trató de no asustarse cuando la vio con un bozal que incluía una bola de plástico al medio, aunque no estaba cien por ciento seguro de lo que era, se hacia una muy buena idea de para que servía y eso lo hizo sentir un intenso frio en su espalda.

- Abre la boca – aunque estaba haciendo todo lo posible, Edward no pudo esconder el tirón de miedo que dio su cuerpo al obedecer a Isabella -, eso… un poco más.

El cobrizo abrió aún más la boca, para que así, le entrara sin problemas la bola de plástico. En un principio la correa le apretó las mejillas, pero en cuanto la castaña cerró el boche en su nuca, las soltó lo suficiente para que él se sintiera cómodo. Un nuevo tirón le apretó el pecho al joven, pero esta vez fue uno bueno, ya que el saber que su chica, por más que estuviera usando botas y corsé de cuero, y tuviera un flogger en su mano, se preocupaba por su bienestar… porque lo amaba.

- ¿Te aprieta mucho? – él negó con la cabeza y ella asintió -, bien, entonces quiero que te levantes – mientras Edward lo hacía, Isabella tomó la cinta elástica que tenía sobre la mesa a su lado y guió al cobrizo hasta la silla que se encontraba escondida en uno de los rincones.

Edward había entrado un par de veces en esa habitación pero jamás se había percatado de esa silla así que su cuerpo se tensó y su andar lo demostró. Isabella, al percatarse de la reacción de su sumiso, sonrió y decidió explicarle un poco la situación.

- Esta es una silla muy especial – comenzó -, ya que no solo me permite amarrarte y montarte, sino que además…. – sonriendo, se alejó del chico y llegó hasta el aparato, el que acarició con gran cariño -, hice que le incluyeran un sistema de vibración que llegará directamente hasta tu punto G… ¿ya sabes dónde está, no? – los ojos de La Cobra se alzaron hasta el joven y disfruto de verlo pasar saliva por su garganta pese a la incomodidad que le proporcionaba el bozal.

Antes de que él se arrepintiera, Isabella fue más inteligente y lo hizo sentarse. Amarró sus manos tomándose todo el tiempo del mundo ya que necesitaba saber si él estaba de acuerdo con lo que estaba a punto de pasar. Antes de cortar el último trozo de cinta, lo miró directo a los ojos y esperó, pero solo recibió brillo en ellos, así que cortando el último trozo de cinta con sus dientes, se erguió delante de su chico y, sin dejar de sonreír, se sacó la parte baja y alta del corsé.

Gracias a sus medias a medio muslo y la abertura intimida de la prenda de ropa que solo dejaba al descubierto su sexo y sus pechos, no tenía que desnudarse por completo para ser penetrada.

Con cualquier otro sumiso tendría que haber hecho su magia en estimulación antes de sentarse sobre sus piernas, pero a esas alturas, la polla de Edward se erguía orgullosa y ansiosa por la expectativa que le esperaba y que recibió, cuando, poniendo una pierna a cada lado de su regazo, Isabella se dejó caer sobre él. En un inicio sus sexos solo se rozaron, pero en cuanto la castaña, guió, con su mano, el falo del cobrizo hasta su coño, ambos cerraron sus ojos con fuerza ante la unión y el placer que ella profesaba.

En el momento exacto en que la polla de Edward la invadió, Isabella estiró su mano y accionó el vibrado de la silla. Los puntos de vibración iban directo hacía la próstata del chico, efecto que se demostró en la hinchazón poco habitual de su polla, Isabella se vio obligada a cerrar los ojos y a suavizar sus saltos porque si antes, su chico era grande, ahora lo era mucho más.

- ¡Oh, mierda! – aferrándose con fuerza, la castaña encontró apoyó en el cabello de su chico, pero necesitaba algo más -, esto es jodidamente perfecto, pero necesito algo más…

Antes, amordazar a sus sumisos le parecía una buena idea ya que sabía lo mucho que a los hombres les gustaba usar la boca, pero con Edward, era una tortura para ella, necesitaba los labios de su chico con premura. Demorándose más de lo normal por el balanceo de sus caderas, la castaña logró liberar la boca del joven y fue capaz de capturar esos labios que tanto placer le daban.

- ¿Te… gusta… esto? – preguntó Isabella.

Edward cerró los ojos y asintió – Sí… es raro pero…

Al verlo tan complacido, Isabella aumentó la intensidad de la silla sacando ese lado salvaje que tanto amaba en Edward.

- ¡JODIDA MIERDA! – al estirar la cabeza hacia atrás, las venas en el cuello del cobrizo se hicieron notar.

- ¡SÍ!... te gusta ¿no? – aprovechándose de la posición del joven, la castaña, lo tomó del cuello y creó una pequeña presión -. ¡MIRAME! – ordenó y el obedeció -, eso… mírame mientras te corres dentro de mí.

- Yo… lo siento… estoy…

- ¿Sientes como tus bolas se hinchan? – sin dejar de saltar sobre su polla ni de sonreírle, Isabella bajó sus manos por el pecho acariciando esos abdominales que la volvían loca -, piensa que ese semen que busca salir me llenará… hasta el fondo…. Me marcarás como tuya – susurró sobre sus labios.

- Yo ya te marqué… tu eres mía – pese a que no tenia forma de moverse, uso la única parte de su cuerpo que se lo permitía y haciendo uso de su boca, capturó el cuello de la madre de su hijo.

- ¿Soy tuya? – preguntó ella a la vez que cesaba sus movimientos, torturándolos a ambos en el proceso.

- Sí… lo eres.

- Lo soy – concordó ella para luego volver a moverse hasta llevarlos al orgasmo.

Satisfechos y rendidos, ambos se quedaron en la misma posición, Isabella sobre el pecho de Edward y aferrada a él como si la vida se le fuera en ello. Solo luego de unos segundos, cuando la polla del joven volvió a reaccionar, Isabella se percató de que la silla seguía funcionando, pero a esas alturas ya no tenía caso apagarla, debía hacerse caso del problema de otra forma.

Saliéndose de su regazo, Isabella fue hacia el armario y escogió una venda negra con la que le tapó los ojos a su chico sin que él lo notara.

- ¿Qué…?

- Ahora probaremos otro de tus sentidos.

Sin apagar la silla, Isabella se dejó caer a los pies de Edward y engulló su falo antes siquiera de que él pudiera reaccionar.

Los movimientos de la boca de la castaña fueron magistrales y llevaron al joven a la más absoluta locura.

Placer tortuoso, eso fue lo que ocurrió esa tarde en ese cuarto negro.

.
.
.

- ¡Cullen! – Edward se levantó de su silla y se acercó hasta su jefe que lo esperaba con los brazos cruzados sobre su pecho -. ¿Me puedes explicar que significa esto?

El joven, siguió que el camino de la carpeta que el señor Green dejó caer sobre su escritorio – Yo… no sé lo que es.

Sin esperar respuesta, Edward tomó la carpeta y la abrió, solo necesitó ver el primer papel para saber que estaba en serios problemas, cuando lo hizo, pensó que nadie se daría cuenta, que estaba haciendo un favor que no dañaba a nadie, pero ahora, al ver el ceño arrugado de su jefe, no estaba muy seguro de ello.

- ¿Con que cargo llegaste a Swan S.A.?

Edward soltó el aire que estaba conteniendo antes de contestar – Como asistente en el área de Recursos Humanos, luego me pasaron a la sección de Administrativa… creo… que todo está en mi ficha personal – murmuró ya no muy seguro de ello.

- ¿Y cuanto te demoraste en pasar de un puesto a otro? – el joven tomó aire, esa información también estaba en su ficha.

- Dos meses.

- ¿Y por qué? – Mitchell Green se fijo en la mirada irritada del joven pero supo que no diría ningún comentario desagradable -, vamos Edward, solo contesta mi pregunta.

- Porque mi jefe anterior dijo que podía hacer más, yo… me pidieron que buscara una información y terminé haciendo un informe tan extenso que les sirvió para otras cosas más.

- ¿Y cuántos años tienes?

- Veintidós años, señor.

Él hombre asintió – Entonces podemos decir que eres joven y que estás dispuesto a absorber y trabajar incluso cuando no debes hacerlo.

- Me gusta mi trabajo, señor.

- ¿Y con eso también debo entender que te gusta el trabajo de Brooke?

Edward pasó saliva por su garganta y negó con la cabeza – No, señor – aunque no quería responder a esa pregunta capciosa, lo hizo para no parecer un nene pequeño.

- Entonces, supongo que el que le hayas hecho el informe es solo porque estás tratando de meterte en sus pantalones.

Hasta el momento, Edward había aguantado con paciencia todas las preguntas, pero no lo haría con las suposiciones infundadas, por más de que quien las estuviera haciendo, fuera su jefe.

- Lo siento señor, pero…

- Tranquilo – Mitchell era un hombre astuto y su idea tampoco era enojar a su empleado -, solo estaba siendo sarcástico ya que sé que ese no es el motivo. Pero… aun así no me gusta esto que pasó y mucho menos el haberme dado cuenta al ver que Brooke ni siquiera sabe lo es una curva de indiferencia.
               
- Ella me pidió ayuda y yo…

- Y tu le hiciste todo el trabajo. Bien Edward – asintió el hombre -, me cerraste la boca, sé que no escalaste en Swan S.A. por tu relación con Isabella pero necesito saber que no iras por los pasillos haciendo el trabajo de todos, sé que estas ansioso por aprender y trabajar pero tienes que limitarte a tu trabajo… ¿bien?

- Sí, señor – asintió el joven.

- Bien, ahora me iré, pero… - cuando ya se había girado, Mitchell se volvió a ver a Edward -, ¿hay algún otro informe con el que deba tener cuidado?

- No, señor.

- Vuelve al trabajo Edward.

Aunque el reto no había sido grande, Edward no pude volver a concentrarse de la misma forma. Llevaba solo un mes trabajando en el Banco de Nueva York y ya había sido advertido, en el fondo él sabía que no había ayudado a Brooke por nada más que por ayudarla, pero luego de la charla con su jefe, le había quedado la sensación de que lo hizo por querer destacarse, por querer que lo notaran, y con ese pensamiento no se sintió para nada tan bien.

Pese a que Edward sabía que no lo ascenderían como si nada, y que tampoco necesitaba un asenso, lo que menos quería era que el resto lo pensara y lamentablemente, sus acciones estaban jugando en su contra, así que se prometió ayudar lo justo y necesario sin querer hacer de más.

Antes de que apagara el computador, tras haber finalizado su jornada laboral, un nuevo correo le entró a su bandeja personal, era un aviso de transferencia bancaria de su propio banco. Cuando entró a trabajar ahí le abrieron una cuenta a su nombre y le explicaron que el sueldo le seria depositado allí.

Saber que ganaría 2.000 dólares era una cosa, pero verlos depositados en su cuenta era otra cosa. Antes de cerrar su sesión comprobó la hora y que aun estaba a tiempo antes de que las tiendas cerraran. Por suerte, su padre estaba en una muy buena posición con el restaurante así que podría darse ese lujo, por ese mes andaría justo pero su chica lo valía.

Camino con paso apresurado hasta que entró en la tienda que buscaba, Swaroski eran unos cristales hermosos y costosos, pero no fue eso lo que lo llevó a escoger esa tienda para comprarle el anillo a su novia, sino que el logo fuera un Cisne y que en la vitrina estuviera el anillo perfecto para ella.

Su presupuesto era de 2.000 dólares, pero si era necesario, Edward estaba dispuesto a su usar su sobregiro.

- Hola, ¿en qué te puedo ayudar?

- Estoy buscando un anillo de compromiso… vi uno en la vitrina que…

- Amanda, yo atiendo a este cliente – la chica abrió los ojos y asintió marchándose con una disculpa -. ¿Así que anda buscando un anillo de compromiso?

- Sí, vi uno en la vitrina que tiene un pequeño cristal en el centro pero que tiene el grabado de un cisne por dentro.

- Ese anillo es muy costoso – respondió la mujer -, ¿y estás seguro de que prefieres un cisne en lugar de una cobra?

Edward estrechó los ojos y suspiró frustrado, había hecho todo muy mal, quizás en Tiffany lo hubieran tratado con mayor disimulo, ahora estaba jodido.

- Si gusta señor Cullen, me puede acompañar – al ver que Edward no se movía, la chica estiró su mano para presentarse -, mi nombre es Katherine Duff, gerente de la tienda y si me lo permite… me gustaría que entráramos a una de nuestras salas privada.

- ¿Y por qué? – aunque el joven aun estaba aprendiendo sobre el mundo en el que se movía su novia, no por eso se iba a dejar engañar tan fácilmente.

Katherine asintió y se le acercó para bajar la voz – Porque estoy segura que no tardarán en reconocerte y darse cuenta de que estas comprando un anillo para La Cobra.

- No la llame así – pese a todo lo que pudo haber dicho, sus dientes apretados solo lo dejaron decir eso.

- Bien, entonces si me acompañas.

Edward, dándole la razón en silencio, la acompañó hasta la parte trasera de la tienda en donde había una sub tienda, mucho más pequeña y cómoda que a su vez contenía las piezas más exquisitas que cualquier persona hubiera visto. El joven Cullen paseó su vista alrededor y se dio cuenta de la ironía, esa mujer, Katherine, seguramente pensaba que él gastaría millones en ese lugar, cuando en realidad, su presupuesto no podía pasar, con esfuerzo, los 3.000 dólares.

- Señorita – comenzó a explicarse -, creo que aquí hubo un error… yo no tengo tanto dinero para…

La mirada de la mujer lo detuvo en su discurso - ¿De verdad piensas que te voy a cobrar? – el joven arrugó su ceño y la mujer soltó una enorme carcajada, incluso se vio obligada a tirar su cabeza hacia atrás para no ahogarse -. Por Dios, niño… sabes muy poco aún, ya veo que lo que se dice de ti en la prensa en verdad… eres nuevo en esto.

- Si me explicara mejor podría entender – y ahí volvió su tono demandante.

- Creo que te diste cuenta muy bien de cuál es nuestro logo – la mujer apuntó al enorme cisne de cristales que colgaba en una de las paredes -, y no creo que sea un secreto las veces que nuestra tienda a tratado de contactar a Isabella Swan para que sea rostro de la marca… le han hecho ofertas millonarias pero ella nunca aceptó ninguna… supongo que el dinero no es un problema para ella.

El joven asintió aun sin comprender – Aun así… no entiendo el por qué me dice que no me cobrara.

- Chico, si me pides diez millones de dólares por escoger un anillo de esta tienda y ponerlo en el dedo de La Cobra, créeme – la mujer puso una mano en su pecho y se flexionó -, te los pagaríamos.

- No le diga así

- Me disculpo – ella se vio verdaderamente arrepentida, así que él asintió -, es solo la costumbre, no volverá a pasar

- Está bien – Edward le restó importancia, ya que con lentitud comenzó a entender de qué iba todo eso -. Y con respecto a los que nos tiene aquí, supongo que usted también tendrá claro que no pretendo hacer de mi compromiso un show mediático.

- Edward – lo tuteó la mujer con la mayor confianza -, elijas el anillo que elijas, los paparazzi se encargaran de averiguar la marca y aunque ni siquiera nos importa que el mundo sepa que te lo dimos gratis, con que aparezca nuestro nombre en cada artículo sobre el compromiso… nos daremos por más que pagados.

El joven volvió a asentir comprendiendo bien todo, pero aun así era mucha información y se vio abrumado, le hubiera encantado llamar a su novia y preguntarle qué hacer, pero en esas circunstancias, esa alternativa no era viable.

- ¿Tienes un baño?

Katherine asintió y lo guió por un pasillo perfectamente decorado. Antes de girar la puerta, Edward bufó al darse cuenta que la manilla tenia pequeñas incrustaciones de cristales. De alguna forma, supo que aunque no lo quisiera, había cosas en el mundo de su chica, a las que tenía que acostumbrarse.

En cuanto entró al baño, obvio los lujos evidentes y se sentó en el váter antes de que sus piernas se rindieran, había sido un día bastante movido y no estaba muy seguro de que su cabeza le diera las mejores idea, por lo que, antes de cometer una imprudencia, sacó su celular y marcó el numero de la única persona que podía ayudarlo en esos momentos.

- ¿Hola?, ¿Edward?

- Hola Charlie – suspiró -, siento molestarte pero… no sé qué hacer, estoy en Swaroski y…

- Y te llevaron a un cuarto aparte y te ofrecieron lo que quisieras gratis. Bien, por lo menos algo me dice que estas en ese lugar porque no dejarás que mi nieto nazca bastardo, no es que me importe ya que nunca le faltará nada, pero me alegra saber que te haces responsable al cien por ciento.

El discurso del patriarca Swan tuvo tanto que Edward no sintió que sus dudas se hubieran disipado – Charlie…

- Oh, claro – suspiró el hombre volviendo a ponerle atención -, creo que Isabella es como diez y medio… sí, creo que ese es su número de dedo, pero si con el embarazo engorda, creo que lo mejor sería que eligieras un once para después mandarlo a arreglar.

- Charlie – suspiró el joven restregándose el rostro -, no quería saber el número del dedo de Isabella, eso ya lo sé, lo que quiero es saber cómo salir de acá, una mujer dijo que me daría lo que fuera que eligiera… gratis.

Se hizo un minuto de silencio en donde Charlie Swan se reprochó por su poco tacto. Edward era nuevo en eso y él debía instruirlo.

- Edward, la gente nos da cosas gratis y nosotros las aceptamos… está bien que lo hagan, mira, compres el anillo que compres para mi hija, el mundo querrá saber todo de él y con eso la marca, para ellos es publicidad gratis y punto, míralo como si estuvieras ayudándolos.

- Sí, eso dijo la señora Katherine. Pero… no se siente bien aceptar cosas gratis.

- Tampoco se siente bien dejar a la gente con la mano estirada – Edward volvió a suspirar pero esta vez, exageradamente -. ¿Te atendió Katherine Duff?

- Sí.

- Bien, ella es una buena mujer, discreta y sabía, así que no la dejes con la mano estira Edward, eso tampoco es muy caballeroso.

- Pero, ella dijo que trataron de tener a Bella como rostro y que ella no quiso, entonces, ¿no se enojará porque le lleve un anillo de acá?

- Edward, mi hija te ama – aunque lo supiera, siempre era bueno escucharlo, de quien fuera -, y estoy seguro, que solo le importará que pongas un anillo en su dedo, aunque sea hecho con una tira de cuero.

El joven sonrió al saber que su futuro suegro estaba enterado de la pulsera de cuero, eso quería decir que Bella lo había compartido, que de verdad le había gustado aunque no fuera de marca.

- Bien, entonces elegiré el que más le guste.

- Así se hace hijo.

Al cortar la llamada, Edward sintió como si el peso que llevaba en los hombros se elevará. Salió del baño mucho más relajo y decidido a encontrar el anillo perfecto. Cuando volvió a la sala, Katherine ya tenía sobre la mesa un centenar de modelos.

Por la siguiente hora, Edward miró cado uno hasta que un anillo de oro blanco, diamante en el medio y cristales alrededor del mismo, le llamó la atención. Ya los cristales eran carísimos por sí mismo, así que si a eso le sumaba la roca del centro y el oro blanco, se encontraba con una pieza que no hubiera podido adquirir si no fuera gratis. Ni siquiera quiso consultar el precio real ya que no quería sentirse peor.

El anillo no era el típico modelo de compromiso, de hecho, tuvo que dejarlo para que pusieran en diamante, ya que si de algo estaba seguro Edward, era de que sin diamante no valía. Al finalizar la transacción, Katherine Duff le entregó un recibo a Edward sin el precio real, solo porque era necesario, ya que una vez que el anillo estuviera listo, se lo harían llegar.

Más que a mi propia vida.

Eso fue lo que gravo Edward en el anillo.

Ya que así es como la amaba. Los amaba.

Más que a su propia vida.

________________

Besos, Joha!!





19 comentarios:

  1. No es posible que me dejes asi !! .. te no lo perdonare !!!!

    ResponderEliminar
  2. ME ENCANTA!! NO DEMORES TANTO :(
    Tan lindo Edward
    AMO ESTA HISTORIA

    Karla Cullen Hale

    ResponderEliminar
  3. Suspirando hasta morir.. Dios como los amo
    Me encanta esta historia
    Ya quiero ver que hara Edward para entregarle el anillo
    Te juro que si publicas esta historia te compraria varios ejemplares, me gustaria tener esta historia como un libro en fisico
    Esperare con ansias el proximo cap
    Nos vemos Joha, besos

    ResponderEliminar
  4. mi vida, lloro de felicidad =D me encantó!!! y todo fue mejor porque ya te extrañaba mucho jejeje

    ResponderEliminar
  5. Oh que lindo Edward con el anillo si parece un niño y esa escena hot del cuarto wauuuuu :P

    ResponderEliminar
  6. jajaja pobre Edward llamando a Charlie porque no sabía que hacer, qué tierno y qué sorpresa se va a llevar Isabella cuando le entregue el anillo

    ResponderEliminar
  7. Hola Joha!! me encantoo este edward es todo un amor eligiendo el anillo de compromisoo que tiernoo!!! y lo llamo a charlie jajajjaj por lo del anillo je!!!
    ahhh quieroo ver la reaccion de bella cuando se lo entregue!! me encantoo este capitulo!! edwrd y bella se amann muchoooo!!! yy tambienn huboo algo hottt en este capi jajaj! quierooo bodaa jaajajj!! besos enormes! me encanta esta historia!!!!

    ResponderEliminar
  8. Hola Joha me encanta este Edward tan tierno e inocente ya quiero leer cuando le entregue el anillo a Bella espero que todo siga de maravilla con ellos y puedan disfrutar del embarazo

    ResponderEliminar
  9. PLEASE porfis no te demores tanto esta vez.....no es ninguna orden ni nada solo te pido que no lo hagas.....es que esta super lindo todo lo que esta pasando

    ResponderEliminar
  10. No tardes muchooo dios me tienes ocn la angustia apuralee mujer

    ResponderEliminar
  11. Mujer, ¡¡¡por Dios!!! Siempre vale la pena la espera... aunque no abuses!!! Que nos tenías abandonadita a nuestra -ahora hormonal- cobra!
    Que nanai Edward, peca siempre de iluso, pero eso me encanta :D
    Muchas gracias por haber escrito, espero que ya estés recuperada.
    Bss.

    ResponderEliminar
  12. Maravilloso poderte leer de nuevo!!!!!!!! valió la pena la espera!!! al fin ed y el valioso anillo!!!!!! una boda???? please!!! lo quiero todo!!!!!!!, esta parejita tan peculiar se lo merece!!! una nueva vida es maravilloso!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  13. Gracias por el capitulo estuvo genial, uff boda que maravilloso ya la ansió

    ResponderEliminar
  14. Voy a extrañar las actualizaciones de esta historia Joha. Deseo que este periodo que te vas a tomar para ti y tus proyectos personales sea muy fructífero y que los resultados sean los esperados.
    Ojalá y todo salga excelente y espero que no demores mucho en regresar. Estaré pendiente de tu regreso.
    Suerte.

    ResponderEliminar
  15. gracias por el capi de verdad adoro esta historia y pronto compromiso gracias y cuídate mucho de verdad

    ResponderEliminar
  16. Porfa ACTUALIZA ya sé que dijiste que ibas a estar lejos del blog por un tiempo pero realmente no pensé que serían mas de 1 mes.ACTUALIZA porfis porfis porfis

    ResponderEliminar
  17. Es tan hermoso!! No te demores por fa!!

    ResponderEliminar
  18. ufff este no lo habia leidoo!!!! x andar pendejeandooo jejejeje. joha solo puedo decir GRACIAS, no tengo otra palabra!!! y qué decir de la historia, está genial, si hay algo que te distingue de otra buena autoras como lo tu lo eres, es tu originalidad!!! sin duda alguna es dificil no seguir algo que escbribas o crees!!! en cuanto al capitulo me encantó que edward tomara en cuenta a charlie, es decir que se apoyara en él para consultarle lo del anillo!! en fin, nena muchas grax

    ResponderEliminar
  19. Me encanta!...no tardes por fa! Me matan las ansias!!!

    ResponderEliminar