domingo, 10 de febrero de 2013

¿Qué es lo que escondes? - Capítulo 7


Nuevo capítulo. Gracias a Erica por betearlo :)

Summary: Bella sueña con ser detective privada por eso se acostumbra desde adolescente al trabajo... eso hasta que le piden investigar al mariscal de campo Edward Cullen... ¿Qué es lo que esconde Edward? M por lemmons ADVERTENCIA, contiene material para mayores de edad.

Capítulo 7

Me tiré sobre su cuerpo, quizás fui demasiado bruta pero mi cabeza estaba pensando en todo y en nada al mismo tiempo. Una ola sobre lo correcto e incorrecto me invadió nublando mi coherencia, necesitaba esto, si estaba mal… ya después tendría tiempo para echarme a llorar.

- Edward…

- Lo sé… puede que sea algo tonto pero yo…

Me tragué sus palabras y aproveché la oportunidad para invadir su boca con mi lengua. La única vez que estuvimos juntos hace ya tantos años atrás no se comparaba ni de cerca con esta vez, aunque su lengua no estaba jugando con mi clítoris si lo hacía de forma magistral con la mía.

Gemí y me removí hasta que conseguí ponerme a horcajadas sobre él. En mi vida había besado a un chico con un piercingen la lengua y... ¡mierda!, no tenía ni idea de lo que me estaba perdiendo. No solo era la forma en la que ese pequeño metal rozaba los puntos más erógenos de mi boca, sino también el saber que estaba ahí porque Edward estaba ansioso por demostrarle a las mujeres y a él mismo, que es mucho más que un pene pequeño.


- Edward… - sus labios se separaron de los míos pero su lengua no dejó de excitarme. Se paseó por mi cuello obligando a mis caderas a que se removieran sobre él - ¡EDWARD!

Sí, quizás su polla no era enorme pero mierda que se sentía maravillosa cuando la excitación llegaba al punto a la que estaba llegando la mía, necesitaba más de él… necesitaba sentir ese tímido metal enrollarse, pasearse, por el resto de mi cuerpo.

- ¿Te gusta? – miré hacía abajo y Edward me miraba demasiado indeciso. Podía sentir su corazón latiendo nervioso en mi pecho -, Si quieres puedo detenerme.

Oh, me sentía como una maldita abusadora.

Saqué una pierna de su regazo y estaba lista para sacar la otra cuando sus manos me tomaron de las caderas y me obligaron a volver a sentarme sobre él. En cuanto nuestros cuerpos volvieron a hacer contacto me importó una verdadera mierda si él no quería esto, ya me encargaría yo de convencerlo.

- Tú… no sabes lo difícil que esto es para mí… esto va más allá de tener la polla chica. Esto es algo de autoestima, de amor propio y yo… es un trauma, lo sé, Bella, y solo te pido que seas paciente conmigo. Si quieres que esto pase debes saber que es muy probable que no esté a la altura.

- Lo harás.

Negó con la cabeza –No, eso no lo sabes. Ni siquiera yo lo sé.

- ¿Sabes? – enredé mis manos por detrás de su cabeza. Hice bastante presión pero él no se quejó – desde que te volví a ver después de tantos años que no dejo de pensar en una cosa – me apegué más a su pecho hasta que mi boca quedara a la altura de su oído -, ¿Te puedo decir algo?... no puedo dejar de pensar en cómo se sentiría tu polla en mi boca, en mis pechos, en mi coño… ummm – gemí removiéndome sobre él -, eso sería rico, ¿no?, vamos Edward… sabes que el tamaño es una mierda, lo importante es saber cómo usarlo y yo tengo fe en ti… además – me separé de su oído para quedar a altura de su rostro - , me muero porque me lamas … pienso… - reacomodé mis caderas consiguiendo que ambos gimiéramos -, pienso que si antes me diste el mejor orgasmo de mi vida, ahora harás que vea verdaderas estrellas… vamos Edward… no puedes ser así de egoísta… ¿cierto que no?

- Bella… - cerró sus ojos al mismo tiempo que alzaba sus caderas. Era obvio que quería un poco más – yo no creo poder, es tanta mi inseguridad… mi falta de experiencia. Estoy nervioso, me siento como un chico virgen, y es que prácticamente lo soy.

- ¿Y si yo te relajara? Déjame mostrarte lo mucho que puedes dar. Solo deja que yo me encargue ahora Edward.

Traté de estirarme por sobre su cuerpo. Mis manos comenzaron a acariciar su torso y a despojarlo de la camiseta que llevaba, cuando quedó desnudo tuve que morderme el interior de la mejilla para no gemir, sí que había cambiado su cuerpo en este tiempo… para mejor. Antes tenía marcados los oblicuos de una forma bastante sexy pero ahora se encontraba a otro nivel. No salivar, ante la visión que me ofrecía su cuerpo, era prácticamente imposible.

- Solo cierra los ojos Edward.

Puse una mano sobre sus ojos – Bella…- Susurró

- Shhh…

Él lo hizo y yo llevé mi boca a sus marcados músculos. La dureza de su pecho y la forma en que este se movía ante el contacto de mi lengua solo consiguieron estimularme para seguir con lo mismo, cuando llegué al borde de su pantalón me apresuré a desabrocharlo antes de que Edward se arrepintiera. Era demasiado injusto para él que nadie le hubiera dado placer, a un hombre como este era imposible no querer complacerlo y es que lamer su cuerpo era un placer más para quien lo hacía.

¡Estúpidas perras!, que no insistieron por tener a este hombre entre sus piernas.

¡Estúpida!, la que dijo que su pene era chico, como si eso fuera lo único importante en el cuerpo de un hombre.

¡Estúpida! yo por dejarlo escapar hace ya tanto tiempo. Pero ya no más. Esta era mi segunda oportunidad y la voy a aprovechar.

No me demoré nada en llegar a su miembro, estaba erecto y listo pero aún así se veía bastante pequeño. No me decepcioné porque estaba, incluso, un poco más grande que la primera vez que lo vi. En cuanto lo rodeé con mi mano me di cuenta que me bastaba con una sola, con la que me quedó libre aproveché de acariciar sus músculos que me volvían tan loca. Mientras lo masturbaba lo miraba a los ojos, si en un principio había estado indeciso ahora ya no lo estaba, sus ojos prácticamente blancos y su respiración intercalada me dieron el ánimo que me faltaba para tomarlo con mi boca.

Sí, no pienso negar que se sintió algo extraño que me sobrara espacio pero mierda que lo disfruté, jamás en mi vida me atreví a meterme un pene tan adentro de la boca por esas horribles sensaciones de arcadas pero ahora lo podía hacer sin necesidad de preocuparme por eso.

Una mano la mantuve en su miembro y con la otra comencé a acariciar sus testículos, tener a un hombre como Edward completamente rendido ante mí era algo simplemente maravilloso. Metí su falo hasta el fondo de mi garganta, lo tomé entero dándole una especial atención a la punta, pensé que lo estaba haciendo bien pero tal parecía ser que para Edward esto era un poco distinto a solo hacerlo "bien".

- Bella… yo solo…

Miré hacia arriba y sonreí sin soltar su polla, estaba totalmente extasiado, jadeé sobre su miembro, sabía que lo estaba haciendo vibrar. Él estaba cerca y yo me moría por probarlo completamente.

- ¡Bella!... Mierda… me voy a correr lo siento… siento como…

- Mmm – me lo saqué por un segundo -, dámelo bebé… dame toda esa leche que tienes acumulada… dame algo para beber.

- ¡Oh mierda! ¡BELLA!

Aunque no lo estaba chupando no dejé de masturbarlo – Vamos Edward… dámelo todo… dame eso que tanto me muero por probar.

Alzó sus caderas casi por instinto, pidiendo a gritos que volviera a tomarlo.

Cuando nuestros ojos hicieron contacto supe que era mi momento, me lo metí en la boca justo cuando su semen salía a chorros pasando directamente por mi garganta. Quizás el sabor no era el mejor pero la situación era tan excitante que me valía el resto.

- Bella…

Le di una última lamida a su pene, su punta tan sensible me pidió algo más así que hice unos círculos sobre ella antes de sacármelo por completo de la boca – Eres exquisito – lo besé en la punta -, muy exquisito… creo que acabo de encontrar una nueva adicción.

Dando besos por su pecho conseguí subir hasta la altura de su boca – Bella…

- Sí sé cómo me llamó – le sonreí -, pero ahora dime… ¿Te gusto la mamada que te di?

- Ha sido lo mejor que me ha pasado… de verdad. Yo solo… me siento tan bien, tan… complacido.

Edward estaba estirado en su sofá, su cabello rebelde se encontraba esparcido y desordenado sobre el mismo, era más que obvio que lo desordenó él durante su orgasmo, sus ojos verdes brillaban demasiado y su una enorme sonrisa adornaba su rostro. Ver esa imagen era incluso más exquisito que cualquier cosa, no porque Edward estuviera excitado ni complacido, sino porque estaba verdaderamente feliz… él era como un niño de cierta forma, le faltaba tanto por experimentar y yo estaba más que dispuesta a ayudarlo.

- Me alegro mucho que te gustara… pero este solo fue el inicio.

- Sí – se incorporó apoyándose en sus codos -, pero ahora es mi momento de darte placer.

Asentí e inmediatamente me estiré en la otra esquina del sofá.

¿Ansiosa?

Sí, y no me daba ni la más mínima vergüenza reconocerlo.

Estaba totalmente vestida pero no pensaba hacer nada al respecto, quería dejarle ese trabajo a Edward.

Cuando su cuerpo caliente se posó sobre el mío gemí, cuando sus labios se encontraron con mi cuello volví a gemir, cuando sus dedos desabrocharon mi jeans gemí más fuerte, cuando esos mismos dedos bajaron toda mi ropa interior prácticamente grité, pero cuando sacó su lengua lista para pasarla sobre mi clítoris… desperté.

Edward me miraba con los ojos bien abiertos y hasta un poco asustado. Supongo que mi boca abierta y el hilito de baba que salía de ella no me ayudaban a parecer muy normal. Lo más rápido que pude cerré mi boca y me limpié, sé que la sonrisa que puse era demasiado fingida pero estaba dando mi mayor esfuerzo.

- Bella, me preocupas, te ves algo ida.

Negué sonriendo aún más – Estoy bien… es solo que estaba pensando en algo – crucé mis piernas en un gesto demasiado obvio, mi intimidad estaba bastante sensible luego de mi fantasía tan vivida -, pero tranquilo – hice un gesto con mi mano -, soy rara por naturaleza así que esto es algo totalmente normal en mí.

- Bien - Su ceño seguía fruncido, era obvio que no me había creído. Nos quedamos en silencio por unos segundos, solo mirándonos casi tratando de descubrir que pasaba por la cabeza del otro - ¿Quieres otro trago? – ofreció.

Lo pensé, no podía beber más, ya mi cabeza me estaba fallando y además debía manejar. Negué.

- No, gracias… no quiero que se me suba – abrí los ojos y me sonreí a mí misma. Claro, creo que ya era un poco tarde para eso.

- Bien.

Y de nuevo hizo ese puto gesto en donde sacaba su lengua y la apretaba con sus dientes justo para que las bolitas de metal del piercing se resaltaran aún más. Gemí un poco más alto ante esa reacción. Necesitaba probar esa lengua.

- Edward…

Me acerqué dispuesta a dejar todo de lado y a hacer realidad aunque fuera solo el inicio de mi reciente fantasía, pero ni siquiera alcancé a mover mi trasero cuando su celular comenzó a vibrar sobre la mesa de centro.

- Perdón.

Se estiró para tomarlo y yo, muy en el fondo, agradecí el momento de interrupción.

Necesitaba enfriar mi mente, estaba haciendo todo mal, ya no era una pendeja que pudiera joderla como si nada, estaba James, mi trabajo y muchas cosas más en juego en esto. Pero sobre todo, estaba la inocencia de Edward.

- Hola, sí, lo siento… no, está bien – silencio. Yo solo me dediqué a ver a Edward mientras hablaba -, es verdad Rosalie, estoy bien, no es necesario que vengas – rodó los ojos -, tranquila cariño… nos vemos mañana. Cuídate.

Cuando cortó yo ya lo miraba con el ceño fruncido – Era tu novia.

- Era Rosalie – me mostró el teléfono antes de dejarlo sobre la mesa -, y no es mi novia… ella solo finge serlo, ya te dije eso la otra vez.

Fruncí un poco más el ceño – Aún no entiendo eso.

- Rosalie es una buena amiga, ella sabe que si no me acostaba con nadie se comenzaría a generar ruido. La primera vez que me llamaron gay en el instituto fue duro para mí, quería decirle a todo el mundo que no era verdad pero los chicos pueden ser muy crueles – inmediatamente pensé en Jasper, sí, mi amigo era bastante cruel en ese sentido, aunque en cierta forma entendía su punto -, en fin, a Rosalie no le importa fingir, llevamos así bastante años y es cómodo para los dos.

- ¿Y ella no tiene novio o algo?

Negó – No… ella, no tiene intenciones de estar con nadie… a Rosalie no le gustan los hombres.

- Oh – asentí. Ahora comprendía muchas cosas -, perdón, no sabía que ella fuera lesbiana.

- No es lesbiana.

Volví a fruncir el ceño. ¡Mierda!, me iba a arrugar si seguía así – No entiendo.

- Rosalie es… es ella… no le gustan las personas, más que eso, no cree en las relaciones – mi rostro debía de ser bastante confuso porque Edward suspiró, se pasó la mano por los cabellos y se preparó para seguir hablando -. A Rose le pasó algo que la dejó así, no le gusta la gente que no conoce, no confía en nadie que no sea de su círculo… lo siento pero no te puedo decir nada más, no es mi historia para contar.

- Entiendo – asentí -, bueno, la verdad es que no entiendo lo que le pasa, solo que entiendo que no me puedas decir nada.

- Gracias.

Nos volvimos a sumir en un incómodo silencio, supe que era mi salida. Me puse de pie rápidamente antes de arrepentirme – Creo que ya es tarde… será mejor que me vaya.

- Sí – se puso a mi lado -, pero gracias por venir, significó mucho para mí… no tienes ni idea.

- Para mí fue importante que me invitaras – de reojo vi en la mesa el regalo que le di -, y espero que mi regalo te sea de utilidad.

Si lo usas con otra te mato.

Sonreí para ocultar mi pensamiento extra. Era mejor que eso me lo guardara solo para mí.

Caminamos juntos hasta la puerta, Edward la abrió para mí pero no salí, me giré para despedirme.

- Adiós, Edward.

- Adiós.

Y sí, terminé por caer.

Impacté mis labios sobre los suyos, los abrí sin siquiera pedir permiso, necesita urgentemente sentir su aro chocando con mi lengua. Cuando Edward por fin comprendió lo que estaba haciendo movió su lengua de una forma perfecta, hizo que su piercing le diera un pequeño pero exquisito masaje a mi lengua. Enredé mi mano derecha en sus cabellos y lo acerqué más hacia mí, succioné su lengua y acaricié sus labios con los míos antes de soltarlos.

Me di media vuelta sin darnos ni la más mínima posibilidad de decir algo.

Con una adrenalina que pronto dejaría mi cuerpo me fui hacia la escalera de incendio, no tenía tiempo de esperar por el ascensor. Bajé las escaleras sin parar hasta que llegué al primer piso, cuando lo hice agradecí aun tener un poco de fuerza para subirme a mi auto y salir raudamente de ese lugar.

.

.

.

Cuatro días más pasaron.

Agradecí que Edward no se pusiera en contacto conmigo porque no sabía que decir, ahora, después de cuatro días seguía sin saber que decirle. Supongo que era fácil echarle la culpa al alcohol pero no podía ser tan cobarde, aunque en cierta forma lo estaba siendo ya que ni siquiera contesté su mensaje de ayer.

Bella… necesito hablar contigo, avísame cuando podemos juntarnos.

Edward.

Su intención podía ser buena o mala, pero no lo sabía porque aún no me atrevía a contestarle el mensaje.

Al ser domingo y estar sola en mi departamento decidí que lo mejor era ir a comer con mis padres pero aún no lograba descifrar si eso fue para mejor o peor, y el que Jasper estuviera aquí tampoco terminaba de convencerme. Quería estar sola en mi cuarto, acostada y pensando mil formas de hablar con Edward para después desecharlas todas, sí, puede que estar acá fuera mejor eso pero no me quitaba la realidad.

- ¿Vas a decirme qué te pasa?

Seguí revolviendo la salsa sin mirar a mi madre – No me pasa nada, estoy bien.

- ¡Claro!, parece que a ti a veces se te olvida que te crié – rodé los ojos -, y no me ruedes los ojos, estoy hablando en serio.

Dejé la cuchara de palo sobre la olla y me volteé para verla – Estoy bien.

- ¿Es por James? ¿Lo extrañas?

- Sí – suspiré. Era verdad, lo extrañaba demasiado, necesitaba tenerlo conmigo, sobre todo porque sabía que en cuanto lo volviera a besar se me irían todas esas absurdas confusiones con Edward.

- Pero llega el martes ¿No?, ya no falta nada cariño, ya verás cómo estos días se te pasan volando.

- Sí – suspiré y me fui al refrigerador. Necesitaba una cerveza.

A la comida aún le faltaba un poco así que saqué cuatro. Le di una a mi madre y me fui a la sala para darle otra a mi papá y a mi amigo.

- Ten – le tiré una a Jasper -, papá – él me recibió la botella y yo me senté a su lado.

Mi padre tenía el control remoto y estaba pasando por todos los canales, lo hizo sin parar hasta que el rostro que tanto estaba tratando de olvidar ocupó toda la pantalla.

- ¡Oh! ¡Cállense, cállense!

Nadie hablaba pero mi padre siempre decía eso cuando quería escuchar.

- Ya todos sabemos que los Miami Dolphins siguen invictos pero la esta semana tienen su encuentro con los vencedores del Super Bowl del 2012, los New York Giants quienes no tienen ninguna intención de ceder el titulo. Es por eso que esta semana, el equipo de Edward Cullen deberá viajar hacía la "Gran Manzana" para saber si podrán o no seguir con su condición de invictos… ¿Estará Edward preparado para enfrentarse a Manning?, bueno, eso lo sabremos este martes… así que no se pierdan nuestra cobertura desde Meadowlands Stadium…

- ¡Oh, mierda! – mi padre tiró el control remoto hacia a un lado -, apuesto a que venceremos a esos putos neoyorquinos. ¡Sí!

- Yo no sé cómo puedes ser fanático de los Dolphins,Charlie – de reojo vi como Jasper le daba un sorbo a su botella.

Mi corazón comenzó a bombear más rápido. Aún no hablaba con mi amigo del tema de Edward y algo me decía que mi secreto estaba a punto de rebelarse justo en frente de mis narices.

- Y yo no sé cómo puede no gustarte… ¡Edward es un puto As del balón!

- Claro – bufó -, eso es lo que todo el mundo cree pero nadie lo conoce de verdad.

Mierda, aquí venía.

- Yo lo conozco.

¡Oh!, mierda, mierda, mierda. Me sentía la peor amiga del mundo, debí hablar con Jasper antes, eso es lo que hacen los amigos, se supone que entre nosotros no hay secretos, a un novio le puedes ocultar algo así por cosas tan insulsas como los celos pero no a un amigo que está al cien por ciento contigo.

- Conocerlo por la televisión no se considera como conocer a alguien.

- Pero… ¿No le contaste, Bella?

Miré primero a mi padre y luego a Jazz – El domingo pasado Edward nos mandó entradas para el juego… fuimos y luego mi padre lo conoció.

- ¿Y por qué él hizo eso?

Sus dientes estaban apretados – Porque el otro día me topé con él y le conté que mi padre es un gran fanático, él solo quiso ser amable, Jasper.

Entrecerró los ojos y sonrió. Mierda, sí que se había enojado – Charlie… ¿Sabes?, creo que Bella se acostó con él en el instituto, nunca quiso contármelo pero habían rumores.

Le dio un sorbo a su botella mirándome y alzando las cejas.

¡Puto cabrón!

- ¿Eso es verdad, hija?

- No, no es verdad papá – lo miré -, es solo que ya sabes cómo le gustan a Jasper los rumores jugosos… E! parece ser el único canal en su televisor.

- Y muy jugosos – me guiñó un ojo -. Pero ahora que lo pienso Charlie… no creo que fueran verdad, ya sabes que dicen que Cullen es gay, quizás él solo quería usar a Bella como su tapadera.

- Bueno… hija, eso no me gusta mucho. Sé que te dije que él era un buen chico pero si solo te quiere para que no descubran que le gustan los hombres… no, eso no me gusta para nada.

- ¡Él no es gay! – quizás lo dije con mucho ánimo pero necesitaba dejar en claro mi punto -, Edward tiene una novia muy linda que lo ama mucho, punto. Ni yo me he acostado con él, ni él es gay.

- Sí, puede que me equivoque… después de todo Bella, en ese tiempo fumábamos mucha marihuana… ya sabes… - Oh mi Dios, ahora mi corazón se iba a salir de mi pecho en serio. Mis manos comenzaron a sudar y mi cuerpo a doler -, esa que le sacabas a Charlie de su plantita… bueno, le sacaste tantas hojas que la terminaste por matar.

Los ojos de mi padre fueron directamente hacía mí. Estaba en problemas - ¡Dijiste que se estaba secando sola! ¡BELLA!

- ¡Jasper me obligaba! – lo apunté, me sentía de 17 de nuevo – y además, es tu culpa por tener una planta de marihuana en la casa.

- Sabes que solo se podía ir sacando un poco a la vez… ¡Tú la mataste!

Rodé los ojos y me puse de pie – No tendré esta conversación ahora, tengo hambre.

Y sí, escapé antes de que la conversación se siguiera desvirtuando. Cuando llegué a la cocina mi madre ya tenía los platos servidos, reía por lo bajo. Después de todo fue ella quien me encubrió cuando saqué más hojas de las necesarias consiguiendo así que la plantita se muriera, ella fue mi cómplice a la hora de escondérselo a mi padre.

Después de que la plantita muriera no volvimos a tener otra. Estaba bien fumar un poco de marihuana de vez en cuando siempre que fuera pura, pero tener una segunda plantita era solo para volverse adicto. Fue una buena época, sobre todo porque no tenía que hacerlo a escondidas, bueno, más allá del hecho de que sacaba hojas hasta cuando no podía hacerlo.

Cuando servimos estábamos todos bastante tensos. No era un mal ambiente de por sí, era solo que todos teníamos nuestras energías demasiado arriba.

Al terminar de comer ya todos nos volvimos a relajar, un par de historias por aquí, otras anécdotas por allá y punto. Pero en el fondo yo sabía que Jasper tenía mucho guardado para decirme, aunque la verdad es que después de todo lo que dijo yo le tenía guardada una buena patada en las bolas.

Jasper me tenía que llevar a mi casa y lo hizo en completo silencio, solo cuando aparcó fuera de mi edificio se volteó a verme.

- ¿Sabes que tenemos que hablar, no? Hay muchas cosas que no me has dicho y eso no me gusta, somos amigos.

Sí ver a Jasper sonreír con maldad ya era lo suficientemente malo, verlo serio y un poco triste era peor. Suspiré antes de hablar.

- Lo sé pero es que… no sabía qué decirte. Me lo encontré y hablamos, Edward no es un mal tipo, Jazz

- Ahora necesito pensar un poco, creo que es la primera vez que no me dices algo y yo… solo necesito pensar un poco sobre muchas cosas.

- Ven a verme mañana, ¿sí?, recuerda que aún debo patear tu trasero por hablar de más con Charlie.

Me sonrió y me sentí mejor – Lo sé… mañana vendré y hablaremos.

Le di un beso en la mejilla a mi amigo y subí a mi departamento.

Cuando entré tiré las llaves y me senté en el sofá. Ahora me sentía más rara aún.

Un sonido en mi celular me indicaba que tenía un mensaje de texto.

Mañana me voy a Nueva York. ¿Podemos hablar esta noche?, necesito decirte algo importante. Dame tu dirección y paso a verte. Si no contestas entenderé el mensaje.

Edward.

Suspiré frustrada pero no dudé. Rápidamente le digité mi dirección, si él quería hablar hablaríamos, ya me estaba cansando de todo esto. Además, por fin había logrado planear un poco todo esto de la investigación. Mi idea era reunirme primero con Marco, pero él estaba fuera de la ciudad hasta el miércoles así que en fondo sería bueno tener algo para decirle cuando lo viera. Algo que por supuesto acordaría antes con Edward.

Desde la casa de Edward a la mía no habían más de veinte minutos de distancia así que aproveché ese tiempo para ordenar, poner el hervidor en caso de que quisiera un café y cambiarme ropa. Un pantalón de chándal suelto y una camiseta vieja, no me veía muy bien pero estaba decente y cómoda.

Justo cuando salía del cuarto el timbre sonó. Es muy probable que no fuera bueno emocionarme pero lo hice. Arreglé mi cabello y mis pechos antes de pararme frente a la puerta, ya lista respiré hondo y abrí.

Ni siquiera alcancé a decir ni a procesar nada cuando unos labios que ya conocía me estaban besando. Sus manos me tomaron de las caderas y su boca no dejó de moverse sobre la mía hasta que yo la abrí dándole un mejor acceso.

Mi respiración se cortó cuando sus labios dejaron los míos y me apretó hacia su pecho.

- Bella… necesitaba tanto verte.

Yo seguía sin poder creer lo que acababa de pasar. Solo cuando sus manos se posaron mis hombros y me separó un poco pude verlo con mayor claridad y terminar de entender que esto era real.

- ¿No vas a decir nada?... Bella.

- James.

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